Un sistema de caza con cordas complementario aos foxos de lobos

O lobo, do mesmo xeito que outros animais, enfréntase hoxe a unha opinión pública proclive ao exterminio, modelada por séculos de aculturación, de competencia polos recursos e de malas experiencias implementadas por un xornalismo servil.

Xoán C. Barragán, Xoán C. Blanco, Xosé Guitián ou Ramón Grande del Brío escribiron sobre múltiples aspectos relativos ao lobo na nosa comunidade e son referencias das que pode botar man calquera interesado en coñecementos máis densos. Tamén se verteron montes de morralla, lendas e contos de vellas sobre os seus costumes. No caso do lobo faise dogma o principio de Heisenberg que establece que a acción mesma de observar un fenómeno natural, modifícao.

O lobo e o gando complementáronse durante milenios, exercendo o primeiro a selección natural sobre o segundo, eliminando aos exemplares de peor condición nun proceso de saúde e de evolución mútua entre este animal e as súas presas que se vén dando xeneración tras xeneración. Compartíu o espazo dos montes galegos cas greas de bestas e cas vacas en harmonía durante séculos, cando non existía nada similar aos modernos procesos compensatorios.

En Galicia os foxos, cousos e cortellos de lobos son valiosas mostras de arquitectura civil tradicional: unha síntese de arquitectura i enxeñería integrada na natureza.  Os curros de cabalos salvaxes érguense mesmo ás veces na mesma parroquia que os foxos para cazar lobos e ambos extremos tócanse na arquitectura ancestral, primaria e básica que supoñen uns sinxelos valos de pedra converxentes que conflúen nun burato do que o animal non podía saír. Se a topografía o permitía aproveitábanse vales angostos nos que o lobo se encaixaba ata chegar ao foxo que, propiamente, é o nome do remate de construción: un pozo de pouco fondo no que os animais quedaban atrapados. As paredes son de pedra a xunta seca, rematadas ás veces por sillares de maior tamaño ou cun borde que impedía a fuxida do animal. Até fai pouco tempo empregáronse coetaneamente estruturas pétreas e corrais construídos con estacas verticais unidas entre si por aramio, formando un círculo no interior do que se colocaba un animal vivo, can ou cabra, como engado. Esta estrutura aproximaríase máis ao concepto de couso que ao de foxo.

Foxo de lobos do Monte Castelo en San Miguel de Carballedo.
Fotografía do autor.

Ignórase a data na que comenzaron a construírse con materiais pétreos en Galicia. Os papeis máis antigos cóntannos que xa no 1095 o conde Ramón de Borgoña e a súa muller, cando delimitaron o couto de Tui, sinalaron un dos seus recantos ca existencia dun “fogium lupalem”, empregándoo como referenza espacial xunto a mámoas e ríos. No 1112 un concilio en Santiago de Compostela (unha das máis altas instancias lexislativas e modeladoras da mentalidade social da época) ordeaba a todos os veciños das parroquias que saísen os sábados a perseguir aos lobos e a preparar foxos. Un ano despois a Historia Compostelá refírese aos mandatos ou decretos do arcebispo Diego Xelmírez sobre a persecución dos lobos e dispoñía que “todos os sábados, a excepción dos de Pascua e Pentecostés, os presbíteros, cabaleiros e campesiños que non estean lexitimamente ocupados, reuniranse para perseguir aos lobos e prepararlles as trampas que vulgarmente chaman foxos de lobos”. Previña tamén que serían multados os ausentes e reticentes cunha ovella se eran campesiños e co equivalente a cinco se eran cabaleiros ou sacerdotes.

Cómpre lembrar que os arcebispos eran non só a máis alta institución eclesiástica e espiritual, senón a instancia de goberno por antonomasia. Señores xurisdicionais ao tempo que relixiosos: as disposicións emanadas deles eran lei e involucraban a todos os sectores sociais.

Non debe pois estrañarnos que anos despois, en 23 de xuño de 1364, outro arcebispo de Compostela, Berenguel de Landoire ordease de novo a todos os fregueses que acudisen semanalmente, encabezados polo cura, desde o primeiro sábado de Cuaresma ata San Xoán a cazar e acosar lobos. O texto completo resulta sintomático xa do fraude e negocio no que podía convertirse este tipo de caza: “por gran tumulto que se facía nas freguesías do noso arcebispado, grandes desaguisados, inxurias e excepcións por aqueles que collían e levaban as penas das freguesías que non tomaban os lobos ou a camada deles, levando máis do que debían e agraviando ás xentes como non debían”.

Como vemos, o lobo foi sentenzado fai séculos de forma inapelable á pena de morte: o Poder con maiúsculas involucrou e obrigou a todos os sectores sociais na cruzada contra este animal, eximindo mesmo de impostos e taxas aos que cumpriran debidamente as disposicións.

Aínda a real cédula de 27 de xaneiro de 1788 institucionalizaba as batidas: “En todos los pueblos en que constare abrigarse y mantenerse lobos, se harán todos los años dos batidas o monterías; una de las cuales se ejecutará en el mes de enero y la otra desde mediados de septiembre hasta fin de octubre”.

Sábese que xa os monxes de Arlanza e de Silos capturaban lobos mediante a colocación de redes que aproveitaban a orografía, mais non se documentara esta técnica en Galicia.  Nun dos libros da fábrica da parroquia de San Pedro de Eume (A. H. D. S. P011101, fol. 161 e ss.) e baixo o epígrafe “Razón de unas cuerdas de la fábrica” queda recollida tal práctica:

“En doce de enero de mil setecientos y ochenta y tres en el atrio de la iglesia parroquial de San Pedro de Eume, nosotros los vecinos de dicha parroquia, hallándose a presencia nuestra el Dr. Dn. Melchor Pedro Rodríguez del Corral al tiempo Rector y Cura propio de ella, hemos tratado de comprar a cuenta de los caudales de la fábrica de dicha parroquia unas cuerdas suficientes y según el estilo del país, para hacer monterías y correr los montes de esta feligresía y sus inmediaciones en seguimiento y caza de cualquiera género de venado bravo y fieras de que se hallan muy infestadas estas montañas, y de lo que experimentamos muy perjudiciales daños sus habitadores y vecinos […], hemos para ello nombrado a dicho Sr. Rector, para que en nombre de la dicha fábrica y representando sus veces, tratase con nosotros, hiciese y celebrase a dicho efecto aquellos pactos y convenios que considerase por más útiles a la dicha fábrica y convenientes a esta parroquia […], convino con nosotros en que se  comprasen dichas cuerdas a cuenta del fondo y caudales de ella, bajo los pactos y convenios siguientes. Primeramente que al principio y dominica primera de cada un año nombren los vecinos de esta feligresía de San Pedro de Eume, o la mayor parte de ellos uno de ellos mismos que haga las veces de Montero en dicha parroquia, que deba llamar a la corrida a todos los vecinos de ellas, todas las veces que le avisaren se halla algo aplazado, en cuyo caso bastará el llamamiento por bujina en el sitio que pareciere más a propósito y se acostumbrare a llamar; y fuera de hallarse algo aplazado, pueda asimismo y deba dicho Montero llamar y obligar a todos los vecinos de dicha feligresía a correr los montes de ella y sus cercanías y hacer montería en otro cualquiera tiempo del año, a lo menos una vez al mes señalando el sitio y lugar que para ello tuviese por más conveniente, cuyo llamamiento podrá hacer avisando a los vecinos al último de la misa del pueblo en dicha parroquia de San Pedro de Eume; y tenga también el dicho Montero la precisa obligación de hacer recuento al cabo de cada una corrida de los que a ella asistieren, quienes deban ser todos hábiles, mayores a lo menos de los catorce años, y de los que faltaren dará cuenta y razón al mayordomo pedáneo y, juntamente al fabriquero y cura dela dicha parroquia para el pago y apunte de las multas y pena en que incurriesen los que faltaren; y a más de esto nombre dicho Montero por el orden del Padrón que hubiere en la parroquia de tres en tres hombres para cada una de las corridas, quienes estén avisados y tengan la obligación de llevar y traer las cuerdas al lugar que se señalare debajo de la pena, no lo haciendo, de un cuartillo de aceite que pagarán para la fábrica. Segunda convención, que los dichos vecinos de dicha parroquia de San Pedro de Eume, a excepción de aquellos tiempos más precisos, en que no pueden faltar sin grave perjuicio a la cultura de sus bienes y recogimiento de sus frutos, como son abierto o principiado el otoño; abierta la siega y maja; y en la cosecha de mijos y durante su recogimiento y el tiempo preciso para beneficiar los granos en las dichas estaciones, se obligan desde ahora en debida forma, verificándose la compra de dichas cuerdas a cuenta de la fábrica a concurrir a la montería, todas las veces que para ello fueren avisados por el Montero o, quien estando éste impedido, haga sus veces, o al sonido de la bujina; y que no concurriendo, no constando hallárense enfermos o ausentes de la parroquia al tiempo del llamamiento y corrida, se obligan a pagar por cada una vez que faltaren, un cuartillo de aceite para aumento de la fábrica; y pasadas tres faltas dentro de cada un año se dan por incursos en la pena de cárcel, por el tiempo de cuarenta y ocho horas. Tercera convención: que haciéndose caza de jabalí u otra  de cosa que pueda comerse, la cuarta parte de ella sea para la fábrica de ésta iglesia la cual se venda públicamente a las puertas de la iglesia, la cabeza y menudos para el aplazador, si lo hubiere; una costilla para las ánimas y lo restante se divida en partes iguales entre los que asistieren; y si la caza se hiciere de lobo u otra no de comer se traiga a posturas a la puerta de la iglesia y remate en el mayor postor, y de su importe sea la cuarta parte para la fábrica, la otra cuarta para el aplazador si lo hubiere y lo restante se divida igualmente entre los que asistieren a la corrida. Cuarta convención: que las cuerdas hallan de estar en la iglesia parroquial, como las otras alhajas de la Fábrica, y que en caso de hallárense fuera de ella, no puedan salir de la casa y poder del fabriquero o de la rectoral; y que el fabriquero tenga la obligación de cuidar estén siempre enjutas, limpias y en lugar decente y cómodo, donde no las corrompan fácilmente los temporales: para lo que, y mediante no son cosa que el dicho fabriquero pueda por sí mismo solo a causa de su pesadez, manejar y remover de un lugar a otro, pueda el mismo fabriquero y siendo necesario con auxilio del mayordomo llamar y nombrar a cualquiera de los vecinos para que le ayuden a limpiarlas y darles aire cuando lo necesitaren y tuviere por conveniente y en caso de omisión en el montero en nombrar los hombres de que arriba hemos hecho mención para el porteo de las dichas cuerdas, pueda el fabriquero hacerlo, debajo de las mismas penas o a último de la misa del pueblo, por el orden del padrón, como también va dicho, o, en caso de no haber tiempo a más, nombrando a los primeros de los vecinos que hallare, quienes sirvan por pronto remedio para que no se malogre la ocasión del venado que estuviere aplazado omitiendo la corrida. Quinta convención. Que no se puedan prestar las dichas cuerdas para fuera de la parroquia de San Pedro de Eume, sino que sea con orden de la Señora Justicia de este territorio o, fuera de ello, con la expresa licencia a lo menos de tres del dicho vecindario de San Pedro de Eume, que podrán serlo el Montero, el fabriquero y señor rector que al tiempo fuere de la dicha parroquia; y aun en el caso de preceder dicha licencia deban acompañarlas tres hombres del mismo vecindario hasta su restitución al lugar y sitio acostumbrado. Últimamente que en ningún tiempo ni lugar se armen dichas cuerdas de noche sin el consentimiento del pueblo, y que sea en estación favorable del año, que no se mojen o humedezcan; y para el entero cumplimiento de este papel, obligación y contrato en todas sus partes, como va arriba expresado […]”. Remata cas firmas de varios veciños.

Constitúe o texto un exemplo do uso da técnica de captura con cordas e redes na nosa terra complementaria dos foxos, explicitando tamén aspectos descoñecidos coma o xeito de nomear monteiros, os tempos nos que debía levarse a efecto a caza, as persoas que participaban, as sancións para os contraventores, o sistema de convocatoria mediante buxinas, os métodos de conservación e limpeza da cordaxe, o reparto das pezas capturadas, etc. Un rexistro da nosa etnografía e da eco-historia que merecía ser rescatado en aras da solidariedade humana cun planeta de recursos limitados no que a caza substituíu a lóxica dos ecosistemas por unha dominación ritualizada da natureza que resposta só á lóxica do ocio.

Grande del Brío, Ramón. El lobo ibérico: biología, ecología y comportamiento. E. Amaru, 2000.

López Ferreiro, Antonio. Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, tomos III e IV. Imprenta del Seminario Conciliar, 1900 e 1901, respect.

Ruiz Díez, Alejandro; Ruiz Díez, Ricardo y Ruiz Díez José María. Tres clanes. El lobo ibérico en alta montaña. Ed. Perdix, 2014

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